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COMPRAR EN EL PEQUEÑO COMERCIO LOCAL NOS BENEFICIA A TODOS

A pesar de lo que pueda parecer a simple vista, comprar en el pequeño comercio tiene muchas ventajas con respecto a las grandes superficies. Son ventajas que no sólo afectan al propio consumidor sino también al tejido económico de nuestras pequeñas ciudades donde realizamos la compra.

Ya hace dos décadas, cuando en nuestra provincia despuntaron las grandes superficies, ya se auguró que el pequeño comercio prácticamente desaparecería y sólo sobreviviría el que apostase por la especialización. Con el paso del tiempo hemos comprobado que, desgraciadamente, se ha convertido en una realidad.

Sin embargo, el pequeño comercio o comercio de proximidad sigue siendo importantísimo porque forma parte de la vida diaria de nuestras ciudades y sus beneficios se reinvierten en la propia ciudad. Por otro lado, el establecimiento tradicional crea un empleo mucho más estable y en mejores condiciones que las grandes superficies, que suelen apostar por ofrecer un primer empleo de corta duración. Por no hablar de las relaciones humanas que propicia un grupo reducido y un trato continuado; la relación empresario-empleado se convierte en familiar.

En el comercio tradicional la relación con el cliente es mucho más directa, cercana y cordial, fruto, entre otras cosas, de la especialización de los establecimientos. El profesional del pequeño comercio conoce a la mayoría de sus clientes, conoce muy bien todos los artículos que vende y puede asesorar sobre la conveniencia de un producto u otro.

Además, la creencia de que las grandes empresas de distribución tienen siempre precios más bajos por mover un mayor volumen de producto no es cierta del todo; ya que sólo sucede en las ofertas puntuales. En el resto de géneros, el precio final sube a consecuencia de la gran estructura de marketing, los gastos generales que la pequeña empresa no tiene y, por el añadido del gasto en desplazamiento hasta ellas y tiempo de compra.

Es muy triste ver cómo echan el cierre comercios en algunos casos centenarios, establecimientos donde las gentes de nuestros pueblos no sólo compraban sino que también intercambiaban noticias, reían, charlaban de lo divino y de lo humano… en definitiva, donde fluía la vida de los tilenenses… Por eso, desde aquí, queremos romper una lanza en favor de la superveniencia del comercio local.

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Sostenibilidad

INGENIO MARAGATO. EL GIMNASIO ECOLÓGICO DE VALDESPINO DE SOMOZA

Hay que reconocer que a la comarca maragata no le faltan atractivos naturales, culturales, históricos, gastronómicos,…; pero, por si acaso eran pocos, hay que añadir el proverbial ingenio y emprendimiento de sus gentes que han sabido valerse de todo lo que el territorio les ofrecía para morar en esta tierra. Pues bien, si de emprendedores se habla, de utilización de todo lo que el medio ofrece, de ingenio, de originalidad,… hemos de citar al sorprendente “Gimnasio Ecológico” de Valdespino de Somoza; todo un complejo deportivo dotado con más de cincuenta aparatos para practicar cualquier tipo de ejercicio físico.

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Manuel de Arriba, creador del “Gimnasio Ecológico”, haciendo una demostración en uno de los aparatos

Así dicho parece que simplemente es una “palestra” al aire libre pero, no… se trata de algo único, peculiar y sorprende ya que los materiales empleados en la construcción de los artilugios es la madera de negrillo, un árbol autóctono de la zona, combinada con todo tipo de material en desuso: cuerdas, piedras, ruedas, bidones, cajas…

Este peculiar gimnasio cuenta con muchos seguidores en la Red con miles de entradas en Google, algunas de lo más curiosas como esta: “Es probable que vayas al gimnasio, porque te hace sentir bien. Pero contemplando el impacto ambiental de los gimnasios tradicionales con el aire acondicionado, las máquinas que consumen electricidad, las toallas que se lavan a diario. Manuel de Arriba Ares tiene una alternativa: todos los equipos de ejercicio de su gimnasio ecológico no requieren electricidad y están hechos de materiales reciclados. En el gimnasio de Manuel se reduce todo menos el sudor”.

Pero como este original espacio ya ha hecho correr ríos de tinta, simplemente vamos a reproducir fragmentos de uno de los reportajes que se han publicado en prensa no sin antes invitaros a todos a visitarlo… Merece la pena.

INGENIO ECOLÓGICO.

Por Ana G. Valencia. Diario de León 06/04/2014

No se pagan cuotas y está abierto 24 horas y 365 días al año. Es el gimnasio ecológico de Manuel de Arriba, un maragato que a base de negrillo y artículos reciclados ha construido 70 máquinas deportivas.

Tampoco cierra, ni por festivos ni los domingos. No se precisa de dietas milagros ni rutinas exclusivas para estar en forma. Valdespino de Somoza, un bonito pueblo de La Maragatería, tiene un reclamo, donde la maña y el ingenio sustituyen al dinero y donde el negrillo, el olmo de la zona, es la estrella. Pero además, nada se tira, desde una nevera vieja a cuerdas, pasando por cadenas, ruedas, bicicletas o lavadoras todo forma parte del encanto y la esencia del gimnasio ecológico ‘Lumen’, que significa luz en latín.

El alma mater de esta idea, que ya ha cumplido más de una década desde que comenzó a fraguarse, es Manuel de Arriba Ares, un profesor de Educación Física retirado, que fue emigrante muchos años en Argentina y que ahora ha retornado a su tierra natal. Cuando llegó, para no perder su forma física, decidió comenzar a entretenerse construyendo sus propias máquinas de gimnasio. «Cuando llegué no tenía trabajo y me contaron la historia del negrillo. Me impresionó y cuando salía a correr o a pasear por el pueblo veía los troncos de árboles afectados por la grafiosis. De ahí surgió la idea. Así me entretenía y además me ejercitaba». Dicho y hecho, desde que el gusanillo de hacer un gimnasio artesanal y natural le picó, Manuel ya ha construido cerca de 70 máquinas, que están instaladas en el terreno del antiguo tejar de Valdespino. Algunas son réplicas de las de los gimnasios y otras son de invención propia. La peculiaridad es que todo está reciclado, hecho a mano y tiene como base la madera. Sin embargo cada aparato tiene su explicación para su correcto uso. «A veces los vecinos y los niños me dan cosas que ya no utilizan, que bien guardo para repuestos o para idear qué puedo hacer». Porque el gimnasio no es sólo construir las máquinas, es también su mantenimiento. El número de horas que este profesor de Educación Física ha dedicado a su gimnasio natural son incalculables. «Si algún día me marcho, las máquinas volverán a donde nacieron, a la naturaleza», asegura.

Pero además de este trabajo altruista y manual, el gimnasio también tiene un fin educativo, el valor del reciclaje, de que todo tiene una segunda oportunidad. Y lo cierto es que se entiende cuando se ve el templo de la madera y el metal que ha levantado Manuel. Un gimnasio que, como bromea su creador, «lleva solarium incorporado. Aquí en verano a la una de la tarde se te achicharran hasta las ideas, pero sales con muy buen color».

Para hacer cada una de las máquinas del gimnasio ecológico, este maragato sigue algunos pasos. Primero hace un boceto en papel y después sin ayuda de herramientas eléctricas va encajando cada uno de los materiales reciclados en un viejo taller que tiene en su casa. «Incluso, los agujeros para encajar las piezas están hechos a mano. Mis herramientas son un hacha, una sierra de las de toda la vida y una barreno para agujerear». Y es que el único dinero que se ha gastado para hacer las máquinas «es el invertido en la compra de algunos clavos», reconoce Manuel, quien presume de que su idea ya ha hecho las veces de escenario para una película.

«El gimnasio surgió de manera altruista. No busco enriquecerme ni depender de él», apunta el profesor, que sabe que su ingenio ha aportado otro reclamo a Valdespino de Somoza. «Es curioso porque igual te encuentras a paisanos de 90 años que a niños de nueve», afirma el creador, que además asegura que «en verano lo utiliza mucha gente».

Lo cierto es que el gimnasio y el dueño presumen de detalles. Las mancuernas están hechas de diferentes materiales según el peso, para ejercitar los músculos, calderos con piedras y para hacer pierna, bicicletas estáticas que un día anduvieron por las calles. Para frenar las ruedas. Manuel las ha anclado al suelo con madera y las ralentiza con otras ruedas más pequeñas, como por ejemplo de patín. Para levantar pesas la camilla es una nevera vieja que hasta cuenta con inclinación para la cabeza y para hacer otros ejercicios, desde una cocina antigua a una lavadora estropeada hacen de soporte. «La base de las máquinas son las poleas, con ellas hasta se puede mover el mundo», bromea Manuel, que ahora ya no puede aumentar más su gimnasio por falta de espacio en el antiguo tejar. «Lo mantengo cuando vengo a Valdespino, lo adecento, e incluso lo tuve que cercar porque entraban algunos animales», explica.

A la entrada del gimnasio, al que se accede por un puente de negrillo, hay una hucha para colaborar, aunque es opcional, reconoce este maragato que vive a caballo entre su pueblo y Astorga. Manuel también ha aprovechado su idea para llevar excursiones de niños y explicarles el valor del reciclaje.

Ahora, entrena a varios equipos de diferentes edades y modalidades deportivas. Y es que este maragato, que vivió 30 años en Argentina, lleva el deporte y la actividad física en las venas. Esta pasión unido a la herencia artesanal de su abuelo, que era carpintero, y a las dotes de su padre, albañil, han hecho en Manuel una suma perfecta que se ha plasmado en el gimnasio ecológico ‘Lumen’.

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