Iconografía. Arte

LOS SANTIAGOS “CABALLERO” DE LA IMAGINERÍA POPULAR DE MONTAÑAS DEL TELENO

(*) Este artículo ha sido elaborado por el gran escultor e imaginero leonés José Luis Casanova García, gran conocedor del patrimonio artístico de Montañas del Teleno y miembro activo de la Junta Directiva del Grupo de Acción Local como experto en Patrimonio.

Santiago Matamoros

El patrón Santiago tiene mucha importancia en la cultura religiosa española y como no en Montañas del Teleno, territorio atravesado por dos de los grandes ramales de la peregrinación jacobea. Esta circunstancia se ha traducido profusamente en la imaginería, escultura, pintura,… Pero, para entender las representaciones de Santiago, necesariamente nos hemos de referir a los acontecimientos tanto históricos como legendarios que incidieron en su creación, ya que, si comprendemos dichos hechos, las imágenes alcanzarán todo el significado del que fueron dotadas por los artistas que los hicieron, así como para nuestros antepasados que patrocinaron su trabajo.

Santiago el Mayor fue uno de los doce apóstoles que, según el Evangelio, acompañaron a Jesús en su vida pública. Era hijo del Zebedeo y hermano de San Juan y, después de la Resurrección de Jesús, participó en la obra de predicar el Cristianismo por todo el mundo conocido, hasta su muerte en Jerusalén hacia el año 44. Según la tradición cristiana, en la primera mitad del siglo IX, los restos de Santiago Apóstol fueron localizados en Galicia, en un mausoleo de época tardorromana e identificados como tales por el Obispo de la diócesis de Íria Flavia, Teodomiro.

A finales del siglo IX, el rey Alfonso II el Casto (791-842), construyó sobre las reliquias una iglesia; a partir de este momento, la difusión de la noticia de que los restos mortales de Santiago se hallaban en el Occidente hispano motivó la internacionalización de su culto en toda la cristiandad y comenzó la tradición jacobea de visitar la tumba y obtener gracias espirituales y favores materiales.

La literatura legendaria[1] se encargó desde el siglo XII de transmitir el hallazgo milagroso de los restos de Santiago, convirtiendo a Compostela en una de las pocas y afortunadas ciudades cristianas que tenía el privilegio de poseer reliquias de uno de los apóstoles de Cristo. A partir de esta declaración oficial, los milagros y apariciones se repetirían, dando lugar a numerosas epopeyas destinadas a acrecentar la fe de los peregrinos que poco a poco iban consolidando el trazado del Camino a Compostela.

Por otro lado, la Iglesia, ante la perspectiva de que muchos cristianos encontraran más cómodo vivir en la parte musulmana (incluso era respetuosa con sus creencias), se dio cuenta de la necesidad de involucrar al pueblo llano en aquella especie de “cruzada nacional” que practicaban los estamentos nobiliarios y la realeza contra los infieles invasores. Se inició, así, una búsqueda desesperada de la intervención de algo sagrado que pudiera arrastrar a empuñar las armas hasta a los más remisos mediante la publicidad de algunos “milagros guerreros”, capaces de evidenciar que los cielos estaban de parte de los cristianos que se enfrentaban al Islam para defender la fe verdadera.

Desde el punto de vista artístico, tres son los tipos iconográficos en los que se muestra al Apóstol:

1.- Santiago el Mayor, “Apóstol”: cuyos atributos son la cruz primacial de doble travesaño y/o la espada de su martirio. Este arquetipo aparece en los apostolados, pintura y escultura, muchas veces acompañando a su hermano Juan.

2.- Santiago Peregrino: Tipo que prolifera a partir del siglo XIII por la gran influencia de la peregrinación a Compostela. Aparece con el bordón de romero, zurrón, báculo y en ocasiones con la concha de vieira que se convirtió en su símbolo.

3.- Santiago Caballero: Es el paradigma más tardío. Aparece a caballo derrotando a los infieles en la Batalla de Clavijo.

A pesar de las variadas representaciones que se han hecho a lo largo de la historia, queremos fijar la atención sobre las que nos parecen más curiosas, singulares y por ende, las menos abundantes; nos referimos a las de Santiago Caballero o vulgarmente “Santiago matamoros” -designación antigua que hoy puede resultar indignante e incluso ser tomada por ofensiva si se desconoce el contexto en el que surgió- de las cuales existen buenos ejemplos en Montañas del Teleno y, para ello, empecemos por concretar más su origen.

La tradición épica dice que Santiago, era considerado patrón y protector de los reinos cristianos de la Península Ibérica ya que apoyó a las huestes cristianas de Ramiro I en la legendaria batalla de Clavijo (844) para conseguir la victoria. En un documento de mediados del siglo XII conocido como “Privilegio de los Votos o Diploma de Ramiro” se dice que Mauregato, un rey aciago, contrajo el vergonzoso tributo de enviar anualmente al emir de Córdoba cien doncellas cristianas (50 nobles y 50 del pueblo) para su harén, en pago por haberle ayudado a mantenerse en el trono. Cuando comenzó a reinar Ramiro I, el entonces emir de Córdoba, Abderramán, le reclamó también el tributo de las cien doncellas lo que indigno sobremanera al monarca que convocó a sus nobles y le declaró la guerra. Acudieron caballeros de todas partes, y fueron al encuentro de las huestes moras en tierras de la Rioja. En Albelda se produjo el primer choque de los dos ejércitos; el de la morisma era numerosísimo, y los cristianos fueron duramente derrotados, debiendo retirarse para reagruparse y descansar a un cerro próximo a la pequeña aldea de Clavijo. La oralidad ha transmitido que, aquella noche, el apóstol Santiago se apareció en sueños a Ramiro I y le animó a volver a plantar batalla al día siguiente, asegurándole que vencería. A la voz de “Santiago y cierra España”, capitaneados por el mismísimo apóstol cabalgando sobre un caballo blanco, las mesnadas rumíes vencieron la contienda, acabando con la vida de más de 60.000 soldados sarracenos, haciendo correr ríos de sangre por los campos. Como acción de gracias, Ramiro I hizo el “Voto de Santiago”, comprometiéndose en nombre de todos los cristianos a peregrinar hasta la tumba del Apóstol, pagar anualmente a la iglesia de Santiago cierta medida de los mejores y más tempranos frutos de la tierra, y aplicar al Santo una parte de todo el botín que se arrebatase a los infieles.

“… ordenamos por toda España e hicimos voto, que se ha de guardar en todas las partes de España que Dios nos conceda librar de los sarracenos por la intercesión del Apóstol Santiago, de pagar perpetuamente cada año a manera de primicias de cada yugada de tierra una medida de la mejor mies, y lo mismo del vino, para el mantenimiento de los canónicos que residen en la iglesia del bienaventurado Santiago y para los ministros de la misma iglesia”.

Este hecho legendario fue popularmente asumido como real, dando lugar a la representación escultórica de Santiago Caballero (matamoros). De este modo, se forjó la figura del “otro Santiago”, que se difundió rápidamente gracias a una amplia y masiva campaña propagandística. Así lo cantaría el poema de Alfonso Onceno, plasmando las quejas del rey Don Juçaf de Granada después de la batalla del Salado (1340):

Santiago el de España,
los mis moros me mató,
desbarató mi compaña,
la mi seña quebrantó…

Santiago glorioso
los moros fizo morir;
Mahomat el Perezoso,
tardo, non quiso venir

Resulta sorprendente, la trasformación que se produjo en la figura del Apóstol Santiago, pasando de ser un enviado para predicar la paz y concordia evangélica a montar sobre blanco corcel y blandir su demoledora espada contra el infiel musulmán, motivado por la necesidad de “animar” a la población a luchar contra los sarracenos.

En estas esculturas, el santo se caracteriza montado sobre un caballo blanco, blandiendo una espada y vestido, según la moda de la época y con indumentaria militar; si bien, a veces también lleva añadidas algunas de las enseñas de su condición de peregrino (como el sombrero decorado con una concha). Existen también ejemplos en los que el conjunto se haya completado con algunos vencidos, que yacen bajo los pies del caballo.

Esta estampa como “matamoros” fue potenciada por la Orden militar de los Caballeros de Santiago (fundada en 1170), cuyos miembros alentaron su popularización, contribuyendo claramente a su difusión y uso, ya que nombraron al Santo como patrón de la corporación, resaltando su carácter guerrero.

El aumento de su popularidad incluso fuera de la Península Ibérica, a partir del siglo XVI, se debió a la lucha contra los turcos que amenazaban Europa y a otros problemas religiosos surgidos dentro del marco de la Reforma luterana. En algunas representaciones pictóricas tardías, no sólo se representó a Santiago a caballo, sino toda una escena de lucha en la que se incluyeron los dos ejércitos: el cristiano y el árabe. Delante del primero de ellos estaba Santiago, situado en medio de la batalla y enarbolando su espada y su estandarte, en el que podían figurar algunos de los emblemas propios de la peregrinación a Compostela.

En el territorio Montañas del Teleno la escultura policromada supone uno de los pilares fundamentales de su patrimonio artístico. Tanto en tallas sueltas como en conjuntos retablísticos, se cuenta con una abundancia y calidad que no se corresponde con el menguado interés que hasta ahora ha despertado. Estas obras han sufrido un cierto abandono, a pesar de que están muy enraizadas en la tradición cultural y popular; no obstante, en las dos últimas décadas, parece que se está impulsando la puesta en valor de piezas muy interesantes que, sin embargo, aún se encuentran fuera de los circuitos culturales, como es el caso de las singulares imágenes de Santiago “matamoros”, como tradicionalmente se le conoce en estas tierras leonesas, sin ánimo alguno de denigrar a otros pueblos, culturas y razas.

Se han podido inventariar siete imágenes de Santiago Caballero y tras un estudio científico de las mismas se han catalogado de la siguiente manera:

Localización Tipo Material Datación Valor artístico
IGLESIA PARROQUIAL DE MANZANEDA

(Ático de Altar lateral)

Bulto redondo. Colocación de perfil mirando hacia la derecha. Caballero mirando al frente, vestido a la usanza de la época, blandiendo una espada. Caballo rampante sobre la figura de un “infiel” abatido en el suelo que porta espada. El conjunto se completa con otra figura de soldado ataviado a la morisca en posición de ataque, empuñando con la mano derecha una espada en alto frente al caballo y con la izquierda esgrime otro tipo de arma no definida, pero similar a una maza. Madera policromada S. XVIII Imaginería popular
IGLESIA PARROQUIAL DE MIÑAMBRES DE LA VALDUERNA.

(Ático del Altar Mayor)

Bulto redondo. Colocación de frente con ligera orientación hacia la derecha. Caballero vestido a la usanza de la época, blandiendo una lanza. Caballo rampante. Madera policromada S. XVII Imaginería popular
IGLESIA PARROQUIAL DE PALACIOS DE JAMUZ

(Parte central Retablo Mayor)

Bulto redondo. Colocación de perfil mirando hacia la derecha. Caballero mirando al frente, vestido a la usanza de la época, blandiendo una espada con la empuñadura en forma de cruz de los Caballeros de Santiago. Caballo en actitud de movimiento pateando a un “infiel” tendido en el suelo. El conjunto escultórico se completa con una figura de un soldado ataviado a la morisca empuñando una espada, que persigue al Apóstol. Madera policromada S. XVIII Imaginería popular
IGLESIA PARROQUIAL DE ROBLEDINO DE LA VALDUERNA

(Ático del Altar Mayor)

Bulto redondo. Colocación de perfil mirando hacia la derecha. Caballero vestido a la usanza de la época, empuñando una espada en alto. Caballo rampante. Madera policromada S. XVIII Imaginería popular
IGLESIA PARROQUIAL DE SANTIAGO MILLAS.

(Parte central Retablo Mayor)

Bulto redondo. Colocación de frente. Caballero vestido a la usanza de la época, empuñando una espada en alto. Caballo rampante. Madera policromada Finales S. XVII Imaginería popular. Tamaño casi real. valor artístico reconocido
IGLESIA PARROQUIAL DE TABUYO DEL MONTE

(Coronando el Altar Mayor)

Bulto redondo. Colocación de perfil mirando hacia el frente ambas figuras. Caballero vestido a la usanza de la época, blandiendo una espada en alto. Caballo rampante sobre la figura de un “infiel” abatido, pateado por el caballo. Madera policromada Último tercio S. XVIII. Artífice: Miguel Alonso, maestro de talla y vecino de Astorga. Imaginería popular. valor artístico reconocido
IGLESIA PARROQUIAL DE TABUYO DEL MONTE

(Coronando la entrada)

Alto relieve. Colocación de perfil. Caballero mirando hacia el frente, vestido a la usanza de la época, empuñando una espada con la punta hacia el suelo. Caballo rampante sobre la figura de un “infiel” abatido, pateado por el caballo. Piedra. Granito Principios S. XVIII

La conciencia sobre la importancia de la conservación del patrimonio es creciente en todo Montañas del Teleno. Cada comunidad está patrocinando y promoviendo un importante número de actuaciones en sus bienes muebles, entre las que destacan por su gran repercusión social las intervenciones en el patrimonio escultórico. Con los trabajos de restauración en obras de imaginería, no sólo se contribuye a la conservación y recuperación material de importantes piezas de escultura religiosa, sino que también redunda en la recuperación de su memoria histórica y la conservación del patrimonio inmaterial (creencias, devociones,…) que ha dejado su impronta en las imágenes religiosas.

Las restauraciones contribuyen decisivamente al conocimiento de evolución del arte popular en estas comarcas del suroeste leonés. Los procesos de recuperación son la ocasión propicia para la reconstrucción de la trayectoria histórica de cada obra de arte y para el conocimiento de las técnicas artísticas empleadas por los maestros locales del pasado.

Los trabajos documentales que se realizan de cada pieza escultórica se convierten, además, en parte fundamental del proceso de restauración puesto que se atiende no sólo a la recuperación iconográfica física sino también a la máxima recopilación de su legado histórico-artístico y socio-cultural; es decir, se convierten en actuaciones sostenibles en el más puro sentido del término.

[1] En las narraciones se partió de la idea, surgida en algunos textos de fines del siglo VI y principios del VII, de que cuando los apóstoles se dispersaron para predicar el Evangelio, Santiago estuvo en Hispania, donde creó un pequeño grupo de discípulos que le acompañaron en su vuelta a Jerusalén. Cuando el Apóstol fue decapitado por orden de Herodes Agripa, fueron sus discípulos hispanos los que robaron sus restos y los trasladaron hasta el cercano puerto de Jaffa, donde lo embarcaron en una nave sin tripulación que, dirigida por Dios o, según otras versiones, por un ángel, llegó a las costas gallegas en 7 días. Allí, sus discípulos buscaron un lugar digno para enterrar el cuerpo de Santiago. Pero, como en ese momento Galicia estaba inmersa en el paganismo, tropezaron con grandes dificultades. Cuando pidieron a Lupa, señora del lugar, un lugar digno donde enterrar al Apóstol, ésta les ofreció unos bueyes para hacer el traslado que resultaron ser toros bravos. Milagrosamente, los animales se apaciguaron ante la señal de la cruz realizada por los discípulos del Santo, llevando el cadáver de Santiago hasta el palacio de Lupa, sin que nadie les hubiera enseñado el camino. Ante tales prodigios, Lupa se convirtió al cristianismo y se hizo devota de Santiago, donando su palacio para enterrar en él el cuerpo sin vida del Apóstol. Después de que el Santo fuese sepultado, una parte de sus discípulos se marchó a otros lugares de la Hispania romana para predicar el evangelio y dos de ellos se quedaron cuidando el sepulcro, siendo enterrados a su muerte al lado de su maestro. Tras la muerte de estos discípulos, las gentes volvieron a abrazar el paganismo, lo cual dejó en el olvido al sepulcro durante siglos, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó resplandores y cánticos en el lugar. Pelayo comunicó el hecho al obispo de Íria Flavia, Teodomiro, quien después de apartar la maleza descubrió los restos del apóstol identificados por una inscripción en la lápida. Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la actual Catedral.

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