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RECUPERACIÓN RESPETUOSA Y SOSTENIBLE DE UN PARADIGMA DEL ARTE SACRO DE LA DIÓCESIS DE ASTORGA. EL RETABLO MAYOR DE VALLE DE LA VALDUERNA.

(*) Este artículo ha sido elaborado por el gran escultor e imaginero leonés José Luis Casanova García, encargado de la restauración de este bien patrimonial y colaborador habitual de este blog.

El patrimonio tilenense ha recuperado uno de sus elementos más descollantes por su calidad artística, el retablo mayor de la Iglesia Parroquial de Valle de la Valduerna dedicado a San Félix, Patrón de la localidad.

Esta obra de arte sacro fue entallada y construida por el prestigioso escultor nacido en Astorga, Gregorio Español, entre 1584 y 1611, siguiendo las trazas de su maestro, Gaspar Becerra, sin dejar a un lado sus propias señas de identidad. La policromía final data de 1663 y es obra del también astorgano, Antonio Pacios, lo que contribuye a catalogar este retablo como un excelente paradigma que incorpora las tendencias manieristas-romanistas; pero, tendiendo un sutil puente de transición hacia el nuevo estilo barroco que se desarrollaría a lo largo del siglo XVII.

El armazón consta de dos cuerpos apoyados en una predela o banco, con cinco calles, definidos por columnas y frontones clasicistas, sin ático. El conjunto mide 5,60 m. de ancho por 6 m. de alto y se plantea dentro del sistema arquitectónico común a los retablos de la segunda mitad del siglo XVI, en los que el empleo de los fustes de las columnas decorados con temas florales fue una impactante innovación.

Destaca sobre manera la predela, dedicada a los Apóstoles y Evangelistas, así como las esculturas de San Antonio Abad, San Mamés y San Félix, todas ellas resueltas con gran viveza y adornadas de ricos y amplios paños.

La conservación–restauración del retablo se materializó tras cinco meses de minucioso trabajo y fue promovida por la parroquia de Valle de la Valduerna y la Junta Vecinal que, además, aportaron parte de la financiación junto con el Instituto Leones de Cultura de la Diputación de León.

Las tareas corrieron a cargo de un equipo multidisciplinar coordinado por la empresa “Casanova. Restauración y Conservación de Bienes Culturales”.

El trabajo se ha desarrollado conforme al protocolo sobre bienes muebles que se tiene determinado para este tipo de actuaciones, conforme a criterios y métodos crítico-operativos legalmente establecidos a nivel internacional, en donde priman el respeto hacia los valores estéticos y documentales del bien, la intervención se circunscribe sólo a las patologías presentes y que tanto los tratamientos como los materiales empleados para ello cumplen la condición de reversibilidad.

El desarrollo de la actividad restauradora ha contemplado la aplicación de las metodologías más adecuadas tanto en la fase previa de conocimiento del monumento en sus distintos valores (no sólo para el culto, sino también como elemento “semántico”, en tanto que constituye para la población local, un legado de sus antepasados, vinculado emocionalmente a los principales ritos de paso en su vida), como en lo relativo a sus patologías. En este sentido, fue esencial el control de las técnicas tradicionales empleadas en su factura originaria en combinación con el manejo oportuno de las nuevas tecnologías de restauración y la naturaleza del proyecto de recuperación.

Los trabajos de análisis previos, han determinado que la materia prima empleada fue la madera procedente de varias especies distintas: las angiospermas (frondosas) como el nogal –Juglans regia– y las gimnospermas (coníferas), básicamente, el pino –Pinus L.-.

En cuanto a sus patologías y daños, se ha determinado que los fenómenos de “biodeterioro” de la madera fueron causados por diversos organismos heterótrofos con características metabólicas diferentes como los hongos, las bacterias y los insectos por lo que los tratamientos debían ser particulares.

Por otro lado, se encontraron numerosas grietas y fisuras, en su mayor parte provocadas por la introducción de elementos metálicos, como pequeñas puntas y clavos, dispersos por toda la arquitectura del retablo. Este tipo de daño antrópico, por otro lado, muy habitual en todo este tipo de bienes, no se limita a la pérdida del dorado que traspasa, sino también a dañar el anverso de la policromía y fisurar, con mayor o menor intensidad, la madera traspasada. Estos elementos metálicos abundaban sobre todo en las cornisas y molduras, así como en las zonas de encuentro entre piezas al haber sido empleadas como medio para adosar unas a otras desde el anverso.

A nivel de soporte, las actuaciones llevadas a cabo han sido las necesarias para asegurar la estabilidad estructural. Como criterio general, primó la conservación del conjunto sobre la reposición puntual de elementos perdidos, dado el bajo porcentaje de mutilaciones detectado y determinar que las mismas no impiden tener una visión global del retablo por lo que se concluye que las piezas desaparecidas por los avatares del tiempo, no suponen menoscabo.

Una vez hechas las catas pertinentes, se constató que, con motivo de una intervención pretérita (que la población no recordaba con exactitud cuando se produjo; si bien, los análisis, precisaron que dicha intervención data de hace ochenta años), se había aplicado una capa de purpurina disuelta en alcohol en toda su superficie, que abarcaba hasta el primer piso; ya que, al parecer, y por fortuna, los actores no contaban con medios suficientes para alcanzar a las partes superiores. Esta desafortunada actuación ocultaba dorado originario, hecho con oro fino y la policromía al temple graso en los estofados y al óleo en las carnaciones. Tras eliminar la purpurina, la lámina de oro apareció en un estado de conservación aceptable, con algunos desgastes y abrasiones que dejaban ver la capa de bol rojo; pero, en general, recuperó el brillo áureo característico. La limpieza de las policromías así como de los dorados y las veladuras de color precisaron la determinación de una metodología de trabajo no sólo efectiva, sino también sostenible, que no generase efectos medioambientalmente adversos.

La delicadeza y refinamiento con el que el maestro Antonio Pacios policromó este retablo resaltando, así, los valores escultóricos y arquitectónicos de la creación de Gregorio Español, se hace aún más evidente en el discurso iconográfico de la zona del banco (tallas directas resueltas con gran viveza escultórica y adornadas de ricos y amplios paños, representando personajes bíblicos, virtudes, ángeles, Apóstoles, Evangelistas, junto con formas vegetales), en las columnas o en las tallas de San Antonio Abad, San Mamés y San Félix.

La intervención ha aportado numerosos datos empíricos y científicos que amplían y enriquecen el conocimiento histórico y artístico del retablo que hasta la fecha se tenía. Asimismo, han permitido comprender que las alteraciones son inherentes a los seculares usos devocionales y, desafortunadamente, la plena restauración a sus orígenes no es ni viable, ni ética. Si bien, a partir de ahora, es posible afirmar que el aspecto del retablo mayor de la parroquia de Valle de la Valduerna es casi tan esplendoroso como lo concluyeron los maestros Gregorio Español y Antonio Pacios.

José Luis Casanova García.

Julio de 2016

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